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Se
entiende por alud el desprendimiento de una masa de nieve,
de dimensiones y recorrido variables, a lo largo de una
ladera.
Dependiendo del grado de cohesión y del estado
físico de la nieve, el tipo de alud será
diferente. Simplificando se reconocen tres tipos:
Aludes
de nieve reciente
Estos
aludes pueden ser de nieve seca (nevadas con temperaturas
netamente inferiores a los 0ºC) o de nieve húmeda
(nevadas con temperaturas próximas a los 0º
C).
El desencadenamiento de un alud de nieve reciente se produce
debido a una pérdida de cohesión de la capa
superficial por sobrecarga o por un aumento de la temperatura
durante o poco después de la nevada.
Los aludes de nieve reciente seca son los temidos aludes
de nieve polvo. Se producen durante las épocas
más frías del invierno, son muy rápidos
y a la vez muy destructivos.
Aludes
de fusión.
Son
debidos a la fusión del manto nivoso cuando
la temperatura del aire aumenta notablemente por encima
de los 0ºC o en caso de lluvia.
Son los típicos aludes de primavera, quizás
los más conocidos, pese a que a veces se pueden
producir en pleno invierno durante periodos de calor.
La nieve es húmeda y pesada. La velocidad
de deslizamiento es lenta, pero no por eso deja de
ser peligroso. A veces, puede llegar a deslizarse todo
el espesor del manto hasta el suelo, arrastrando barrro,
rocas, árboles, arbustos, etc. Son los denominados
aludes de fondo.
Aludes
de placa.
Se
producen por la existencia de discontinuidades en el seno
del manto nivoso. El resultado es el deslizamiento de
las capas superiores, que aparentemente pueden parecer
estables, por encima de una capa de baja cohesión
o de una superfície de rehielo.
Un caso particular son las placas de viento, capas
duras y frágiles formadas por la acumulación
de nieve transportada por el viento y depositada en las
zonas situadas a sotavento. En general las cornisas
son un indicador de la presencia de una placa ladera abajo
(puede darse el caso de una placa no asociada a una
cornisa), son de un blanco muy mate, tienen forma
lenticular, chirrían cuando se pisan y el bastón
de esquí y el piolet se clavan muy bien. Estos
aludes se producen en laderas abiertas, sobretodo
en zonas convexas, y frecuentemente por el paso de
una persona.
La fragilidad de las placas y la desunión con las
capas inferiores hace que actúen como trampas para
los excursionistas y esquiadores, el sobrepeso de los
cuales, al pasar por encima, actúa como desencadenante
del alud.
Los aludes de placa son los que provocan más accidentes
entre este colectivo: el 70 % de los accidentes por
alud son debidos a placas de viento (datos de las
temporadas 86-87 a 96-97). Este tipo de alud se puede
producir en el transcurso de toda la temporada, siendo
más peligroso en la épocas más frías
del invierno.
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